Trabajo

  • Trabajar duro no siempre te lleva más lejos: a veces solo consigue que te den más trabajo.

    Trabajar duro no siempre te lleva más lejos: a veces solo consigue que te den más trabajo.

    —¿Puedes cubrir a fulano?

    —Sí.

    —¿Puedes quedarte un poquito más?

    —Sí.

    —Tú sabes hacer esto, ¿verdad?

    —Sí.

    Y un día miras alrededor y descubres algo curioso.

    Haces tu trabajo. Sabes hacer parte del trabajo de alguien más. Cuando alguien falta piensan en ti, cuando algo sale mal te llaman y cuando llega alguien nuevo tú le explicas.

    Y probablemente alguna vez hayas sentido orgullo:

    “Aquí saben que pueden contar conmigo.”

    Hasta que aparece una pregunta bastante menos bonita:

    ¿Y eso se está reflejando en algo además de tu cansancio o tres centavos más?

    La recompensa por resolver puede ser más cosas que resolver

    Hay una trampa laboral bastante sencilla.

    Eres bueno haciendo algo, entonces te lo piden más. Lo haces bien otra vez y empiezan a buscarte para eso. Después para otra cosa. Y otra.

    Hasta que aquello que un día hiciste “para ayudar” misteriosamente forma parte de tus responsabilidades.

    El sueldo, en cambio, no siempre experimenta la misma transformación.

    No necesariamente porque exista un jefe perverso planeándolo. A veces es pura lógica: hay un problema y cinco personas. Una siempre resuelve.

    ¿A quién llamas?

    A la que resuelve, obviamente.

    Funciona perfectamente para la empresa.

    La pregunta es si también está funcionando para ti.

    “Yo pensé que se iban a dar cuenta”

    Pensamos que en algún lugar existe una libreta invisible donde toman nota de nosotros:

    Llegó temprano. Se quedó tarde. Ayudó. Sacó el trabajo adelante. Nunca dice que no.

    Y que algún día alguien aparecerá diciendo:

    “Nos dimos cuenta de todo. Aquí tienes más dinero, un mejor puesto y tres semanas de vacaciones.”

    A veces ocurre.

    Muchas veces, no.

    Porque hacer bien tu trabajo y saber comunicar el valor de tu trabajo son dos habilidades diferentes.

    Puedes trabajar muchísimo y seguir esperando que alguien adivine que quieres ganar más, cambiar de puesto o crecer.

    Y sí, quizá deberían darse cuenta.

    Pero basar una carrera entera en esperar que los demás adivinen tampoco es lo ideal.

    Ser indispensable no siempre significa estar avanzando

    Que te necesiten se siente bien.

    Sabes cómo funciona todo. Tienes respuestas. Si faltas, se nota.

    Pero existe una realidad bastante cruel:

    a veces eres tan útil donde estás que moverte de ahí resulta inconveniente para los demás.

    ¿Quién hará todo eso si te ascienden? ¿Quién cubrirá? ¿Quién conoce ese proceso?

    Ser indispensable puede convertirse en una jaula bastante cómoda para una organización.

    Por eso la pregunta no debería ser solamente cuánto haces.

    ¿Estás aprendiendo y creciendo o simplemente te estás volviendo cada vez más eficiente haciendo exactamente lo mismo?

    Y no, todo el mundo puede simplemente renunciar

    Internet tiene una solución maravillosa para cualquier problema laboral:

    “Sal de ahí.”

    Claro.

    ¿Y la renta?

    ¿La comida? ¿Los hijos? ¿Las deudas? ¿El seguro? ¿La familia que depende de ese ingreso?

    Decir “si no te valoran, vete” queda precioso sobre un fondo beige con letras elegantes publicado en las redes. En la vida real puede ser un consejo completamente inútil.

    Quizá hoy no puedas irte.

    Pero sí puedes averiguar cuánto pagan otros lugares por lo que haces. Qué habilidad te falta. Qué experiencia te estás llevando. Qué puedes empezar a preparar para tener opciones mañana.

    Porque hay una diferencia enorme entre estar temporalmente en un lugar porque lo necesitas y creer que ese lugar es todo lo que puedes conseguir.

    Trabajar duro sigue importando. Ser responsable también. Ayudar, aprender y dar un poco más puede abrir puertas.

    El problema no es dar más.

    El problema es dar más durante tanto tiempo que dejamos de preguntarnos para qué.

    Ser responsable no significa estar siempre disponible.

    Ser bueno no significa aceptar todo.

    Ser agradecido no significa quedarte para siempre.

    Y ser indispensable no necesariamente significa estar avanzando.

    De vez en cuando conviene mirar todo lo que hacemos y preguntarnos:

    ¿Estoy construyendo algo aquí… o simplemente me estoy volviendo cada vez mejor aguantando?

    Porque ser la persona que siempre resuelve puede convertirte en alguien muy valioso.

    La pregunta incómoda es:

    ¿valioso para tu futuro o muy conveniente para el de alguien más?